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4.7.19

Silencio de Alcoba

Sépanlo bien, escribanos: No cantamos para él porque nos difamaron diciendo que olíamos a pescado, que formábamos tropel entre las causas perdidas, igualándonos con las suripantas, ¡ja! ¿Que Ulises nos poseyó ingeniosamente para ya no volver a nuestro lecho? Ensueños de marino en alta mar y patrañas de poeta. Si supieran. Ulises apenas desembarcó, se quedó dormido por cansancio. Contó luego por ahí que se amarró al mástil mientras le untaban cera en el caracol de los oídos y ordenaba a su tropa marinera que no lo dejaran atracar en esta ínsula de playas apacibles y remansos de mar si el vórtice de nuestro canto lo atrapaba, infundios que luego propaló ladinamente entre sus rapsodias aquel poeta invidente y con él, ustedes.  Sí, apenas salmodiamos para aplacar su sueño de náufrago a la deriva. Y según la buena palabra de la nereida bicaudal que lo velaba, dormía agitado, lubricado por la esposa tejedora, Penélope, el nombre que susurraba en su descanso de alcoba silente. Antes de volver a su barco, desvaneció con agua dulce el sudor agrio, las costras de sal adheridas a su torso y su imberbe barba pilosa. 
El testimonio de sus libros apenas recoge esos infundios de marinero célibe. 

 «Silencio de alcoba» (Anatomía de una ilusión, 2016)

30.1.17

Sirena




Tengo la convicción de que no existes
y sin embargo te oigo cada noche
te invento a veces con mi vanidad
o mi desolación o mi modorra
del infinito mar viene su asombro
lo escucho como un salmo y pese a todo
tan convencido estoy de que no existes
que te aguardo en mi sueño para luego.

-Mario Benedetti

22.1.13

Villa Rica

Foto: Calletano Domínguez Cortesía de Selene Marluns
¿Cuántas veces morí ahogado al perseguir de madrugada a una sirena? 
En las playas de Villa Rica están mis almas cristalizadas en sal. 
Si buceas alrededor de la roqueta podrás mirarlas como estatuas del pasado. 
Las muertes de un pirata que de listo quiso pasar,
pasado por agua el deseo y su amor,
su amor al canto marino 
su amor al cálido ambarino de unos pies,
que nunca tocan el bar 
pese a bailar en él 
sin fin 
sin ti. 


http://elmismisimo.blogspot.mx/2010/04/villa-rica.html

16.2.10

CANTOS DE SIRENA





Manuel Becerra

I

Oigo tu canto, sirena,
lo escucho quedo y con calma,
lo siento apoyarse en mi alma
con apariencia terrena.
Tu voz se me enrosca y llena
de paraíso mi oído.

Tras el disfraz del gemido
oigo tu voz que me canta,
y, sirena, en tu garganta
quedo en zozobra y herido.


II
Gemas de oro en tus cuerdas
me atan de piernas y manos
y con tus cantos tiranos
espero que no me pierdas
si en el camino recuerdas
que ya iba por mal sendero
desde antes que tu bolero,
desde antes que tú, sirena,
cantaras, ya estaba en pena
y perdido al aguacero.